
La ironía de la vida, muchas veces, es algo más que espeluznante. Completamente absurda e inesperada.
Y es que mientras el mundo (aunque sea solo por tradición adquirida) se prepara para celebrar la festividad más alegre del año, llenos de cantos, sonrisas y luces brillantes; por otro lado las cifras de suicidio parecen haber encontrado su propia “levadura” mágica para garantizar futuros inquilinos del cementerio.
Cada navidad aumenta el número de casos de depresión, y de intentos y logros de suicidios.
“En Navidad aumenta los casos de depresión y suicidio, es decir que se reportan un 40% más casos en comparación a otros meses…”. Porque es claro, qué mejor época hay para decidir tomarte todo ese frasco de pastillitas azules o cortarte las venas que en navidad (incluso resulta que ayudo decorando….que acaso la sangre no es roja, eh?)? Navidad es la voz!! Si te suicidas en otra época del año no pudiste haber estado más desactualizado (si uno tiene algo que hacer, pues mejor que lo haga al grito de la moda, no creen?)!
La navidad nos da la imagen de bonanza, felicidad, unidad, salud y otros muy gratos sustantivos; y es por ello que la gente siempre tan “alegre y proclive” a ver el “lado bueno de la vida” pues…ejem….ya saben. Es decir, “recórcholis, NO tengo plata”, “Que mi novio Meranginito me ha dejado justito dos meses antes de que nos casemos el próximo año y ahora sale el muy maldito desgraciado con una fulana de medio pelo con 25 kilos menos que yo y con un poquito más de ropa que una desnudista”, “Que esta tos no se me pasa y fijo, fijo que ya sospecho me moriré de cáncer”, “Que mi vida apesta y no sé cómo rayos pasaré el examen para ingresar a la universidad a la que mis padres quieren que entre”, “que esa chica tan guapa a la que he perseguido como perrillo faldero a través de río y montaña no me hace más caso que a una mosca”….y el listado es largo….
Porque es obvio que en la época cuando “deberíamos” ser más felices, es nuestra MÁXIMA asignación el recordarnos vívidamente, trágicamente y morbosamente todo aquello que no tenemos, hemos perdido y/o, no lograremos (incluyendo a las personas que ya no están).
Entonces me acuerdo de Ebanezer Scrooge cuando le inquiere a su sobrino el “qué motivos tienes para ser feliz?”….
Y es que no hay motivos. Es lógico. La vida es una desgracia, un mar de llantos y castigos desmedidos. Hemos nacido para sufrir sin remedio ni pausa alguna. Prueba tras prueba andamos sin reposo ni sosiego.
Caray!! Hasta me he bajoneado yo!! (¬ ¬’)
Damas y Caballeros, no niego que exista el dolor y que ese mismo dolor se vuelve aún mucho más grande cuando la felicidad también lo es; pero…es que acaso solo hay dolor? Es lo único que existe? Y si eso es lo único que existe….cómo pueden saberlo si no es porque también existe la felicidad? O es que….acaso, la única verdad es que no hay el valor suficiente para aferrarse a la felicidad y aceptar la desdicha como parte de la misma vida?
Dejemos atrás la depresión y dejemos de FIJARNOS solo en lo que nos aflige para empezar a DISFRUTAR de todo aquello que la propia vida nos ofrece si es que queremos tomarlo. La alegría de vivir.
Porque tal y cual le respondió el sobrino al malhumorado tío en ese celebérrimo cuento de navidad como lo es “Un cuento de Navidad” de Charles Dickens, en respuesta a su mal intencionada pregunta (escrita como quien no quiere la cosa algunos párrafos arriba), “qué reales motivos tienes tú para NO ser feliz?”*.
“Sientes una carga grande de pesar?
Es tu cruz pesada para aguantar?
Ve tus bendiciones, cuenta y verás
Como aflicciones nunca más tendrás.”
Johnson Oatman
* Cursiva agregada.

















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